DARWINISMO DE INTERESES
Uno de los aspectos de las aves que más han atraído la atención además del vuelo, es lo peculiar, y a veces romántico, de su conducta reproductiva. Muy importante
es que la reproducción, en la mayoría de las aves es estacional, es decir, se lleva a cabo durante una época definida del año. Esto se observa claramente en la primavera, cuando casi todas las especies de aves se encuentran cantando y trabajando activamente en conseguir material para sus nidos.
Como cada primavera electoral las asociaciones comienzan a activar sus feromonas. Cegada por tan excitante sustancia orgánica la gaviota popular se ha entregado con fruición al ceremonial del cortejo. No ha faltado hermandad, peña, asociación o colectivo donde Fernando Rueda no haya desplegado su plumaje o entonado sus cánticos de reclamo político.
Gran aficionado a la caza, el joven candidato popular conoce que la supervivencia de la especie clientelar queda garantizada porque las asociaciones sólo aparearán con el partido que consiga el gobierno municipal.
Al calor del metacrilato de las urnas las hembras asociativas incubarán el huevo que habrá de ser picoteado tan pronto se apruebe el presupuesto municipal. Abierto el cascarón de la promesa electoral, rápidamente asomarán el pico los polluelos reclamando la ración que les corresponde. En este darwinismo de intereses no faltarán en el nido asociativo las carpas para el Rocío, las subvenciones para comilonas, los solares gratuitos para templos, la cesión de locales municipales para sede social de entidades privadas, las exenciones fiscales bajo el disfraz de la subvención y un sin número de nutrientes que serán detraídos del bolsillo de los contribuyentes.
En el orden natural del clientelismo cada especie participa de los nutrientes presupuestarios en función del número de asociados: cuanto mayor sea el número de socios, hermanos o peñistas más importante será la posición que se ocupe en la escala clientelar. Desde Darwin sabemos que la adaptación al medio es la premisa principal para la supervivencia de las especies. Producido el cataclismo de la crisis como consecuencia del cambio climático provocado por el enfriamiento económico y financiero, se han congelado los bolsillos de los contribuyentes extinguiendo al mismo tiempo los verdes pastos y ricos manantiales de la Junta y la Diputación que servían para llenar los graneros del presupuesto municipal. La falta de nutrientes y la superpoblación de entes asociativos nacidos al calor de la subvención fácil y la prebenda gratuita, activará el mecanismo de selección natural clave en la supervivencia. Sólo las especies con un ADN político más cercano al partido en el gobierno logrará sobrevivir al invierno clientelar, el resto tendrá que mutar las patas y el pico para alimentarse de la carroña.